Cirugía Psíquica Y Cirugía Astral: Entre La Fe, El Ritual Y La Necesidad Humana De Sanar
La idea de que un ser humano pueda abrir el cuerpo sin bisturí, sin anestesia y sin dejar cicatriz pertenece a esa zona donde la razón vacila y la esperanza toma el control. La llamada cirugía psíquica —y su pariente menos tangible, la cirugía astral— no son fenómenos recientes ni aislados. Han sobrevivido durante décadas porque tocan el profundo miedo a la enfermedad, la desconfianza hacia la medicina convencional y el deseo casi desesperado de que exista una salida distinta al dolor.
Este artículo no pretende ridiculizar ni glorificar. El objetivo es observar el fenómeno con frialdad, compartir un poco su historia documentada y entender por qué, incluso en pleno siglo XXI, sigue encontrando creyentes.
La cirugía psíquica: operar sin bisturí
La cirugía psíquica se dio a conocer al mundo occidental a mediados del siglo pasado, principalmente a través de reportajes, libros y testimonios que hablaban de sanadores capaces de introducir las manos en el cuerpo del paciente, extraer tumores, coágulos o tejidos enfermos y cerrar la herida sin dejar rastro alguno.
Los pacientes afirmaban no sentir dolor. La sangre aparecía —o parecía aparecer— durante el procedimiento, y el sanador mostraba lo que aseguraba haber extraído del interior del cuerpo. Para muchos observadores, aquello desafiaba toda lógica médica.
Filipinas: el epicentro del fenómeno
Filipinas es, sin duda, el caso más documentado y conocido. Desde los años 40, sanadores filipinos comenzaron a atraer la atención de periodistas, médicos y curiosos de todo el mundo. Figuras como Eleuterio Terte y Tony Agpaoa se convirtieron en nombres recurrentes dentro de este tipo de prácticas.
Las sesiones se realizaban sin quirófano, sin guantes y sin instrumental. El sanador presionaba el abdomen o el pecho del paciente hasta que, aparentemente, sus dedos penetraban la piel. Acto seguido, extraía masas ensangrentadas que identificaba como tumores o tejidos dañados.
Sin embargo, cuando médicos y escépticos comenzaron a analizar estos procedimientos con mayor rigor, surgieron dudas serias. Investigaciones demostraron que no existían incisiones reales ni cicatrices posteriores. En muchos casos, los supuestos tejidos extraídos resultaron ser restos de animales —pollo, cerdo— ocultos en las manos del sanador.
La conclusión médica fue contundente, se trataba de un elaborado acto de ilusionismo apoyado en sugestión, fe y manipulación psicológica. Aun así, miles de pacientes aseguraron sentirse mejor después de las sesiones, lo que abrió un debate sobre el efecto placebo y la mente como agente terapéutico.
Brasil: fe, espiritismo y cirugía invisible
Brasil desarrolló su propia versión del fenómeno, profundamente influida por el espiritismo kardeciano. Aquí, la cirugía psíquica no siempre implicaba contacto físico directo. En muchos casos, se realizaba con bisturíes simbólicos o incluso a distancia.
El caso más famoso es el de Zé Arigó, quien afirmaba canalizar al espíritu de un médico alemán fallecido. Durante los años cincuenta y sesenta, Arigó realizó miles de intervenciones ante testigos, utilizando cuchillos comunes y sin medidas de higiene. Sus seguidores aseguraban que los pacientes sanaban de enfermedades graves.
Aunque Arigó fue procesado por ejercer la medicina sin licencia, su figura se convirtió en un símbolo del choque entre ciencia, fe y tradición espiritual. Tras su muerte, otros sanadores brasileños continuaron prácticas similares, reforzando la idea de que la cirugía psíquica podía existir como acto espiritual más que médico.
Pachita: el caso mexicano
En México, el nombre de Pachita ocupa un lugar especial. Bárbara Guerrero, conocida como Pachita, afirmaba canalizar al espíritu de Cuauhtémoc, el último tlatoani mexica. Sus supuestas cirugías se realizaban con un simple cuchillo de cocina y sin anestesia.
Intelectuales, artistas y científicos se interesaron en su trabajo. Entre ellos, Jacobo Grinberg, quien documentó y analizó sus sesiones. Grinberg describió fenómenos difíciles de explicar, como incisiones que parecían reales, extracción de órganos y una rápida recuperación del paciente.
El ex-sacerdote jesuita e investigador del fenómeno OVNI, Salvador Freixedo dijo haber sido testigo de la materialización de un órgano en manos de Pachita.
Sin embargo, al igual que en los casos de Filipinas y Brasil, nunca se obtuvo evidencia clínica verificable de que se hubieran realizado intervenciones quirúrgicas reales. Pachita se movía en una zona ambigua, entre el ritual chamánico, la sugestión profunda y la necesidad colectiva de creer en algo más allá de la medicina occidental. Aunque tuvo muchos pacientes que dijeron haberse curado de males con los que la medicina convencional no había podido.
La cirugía astral: operar el cuerpo que no se ve
A diferencia de la cirugía psíquica, la cirugía astral no pretende intervenir el cuerpo físico. Su origen se encuentra en tradiciones esotéricas que hablan de cuerpos sutiles, como el cuerpo astral, etérico o energético.
Estas ideas pueden rastrearse hasta la teosofía del siglo XIX, el hinduismo, el budismo y ciertas corrientes chamánicas. Según estas creencias, la enfermedad se origina primero en un plano energético antes de manifestarse en el cuerpo físico.
La cirugía astral, entonces, consistiría en intervenir ese plano invisible para corregir desequilibrios que, eventualmente, se reflejarían como sanación física o emocional.
Reiki y prácticas contemporáneas
En tiempos recientes, algunos practicantes de reiki y terapias energéticas han adoptado el término cirugía astral para describir sesiones en las que, mediante visualización, imposición de manos o trabajo a distancia, se “retiran” bloqueos energéticos.
No hay sangre, no hay incisión, aunque tampoco hay demostración tangible. Todo ocurre en el terreno de la experiencia subjetiva. Los practicantes no suelen presentarse como médicos, sino como facilitadores de procesos energéticos.
Desde un punto de vista científico, no existe evidencia de la existencia del cuerpo astral ni de la eficacia clínica de estas intervenciones. Sin embargo, muchos pacientes reportan sensaciones de alivio, claridad emocional o bienestar general. Por otro lado, ha habido varios médicos y científicos que apoyan la eficacia del reiki como terapia complementaria. Incluso hay hospitales en Europa en los que se practica para
reducir el estrés, la ansiedad y el dolor.
Entre el engaño, la fe y la mente humana
La cirugía psíquica, analizada con rigor, se sostiene más como un acto de ilusionismo y manipulación emocional que como una práctica médica real. En múltiples países ha sido denunciada como fraude, por prometer curaciones físicas sin respaldo clínico que pueden poner en riesgo la vida. Pero ¿Podríamos decir entonces de manera contundente qué no hay otras maneras de curar más que con la medicina convencional?
La cirugía astral, por su parte, se mueve en un terreno simbólico y espiritual. No promete abrir cuerpos ni sustituir tratamientos médicos, sino ofrecer una experiencia de sanación subjetiva.
Negar de forma absoluta la experiencia del paciente sería tan simplista como aceptar estas prácticas sin cuestionamiento. El ser humano no es solo un cuerpo biológico; también es expectativa, miedo, creencia y necesidad de sentido.
La verdadera pregunta no es si estas cirugías funcionan como se afirma, sino por qué seguimos necesitando creer que alguien puede extraer el dolor con las manos. Tal vez la respuesta no esté en los bisturíes invisibles, sino en la fragilidad humana frente a la enfermedad y en el eterno deseo de que exista algo más allá de lo que la ciencia, por ahora, puede ofrecer.
¿Ustedes que opinan?
Imagen creada con Sora IA
Reviewed by Angel Paul C.
on
enero 27, 2026
Rating:
