Pititis, la Concubina del Infierno: Deseo, Sumisión y Poder en los Márgenes del Gran Grimorio



Pititis, también conocida como Masbakes en ciertas tradiciones, es una de las figuras más ambiguas y perturbadoras de la demonología occidental. No es sencillo analizar su origen, función simbólica y evolución dentro del Gran Grimorio, alejándose del sensacionalismo para explorar cómo el deseo y la dominación han sido utilizados como herramientas de control espiritual y psicológico. Hay quienes aseguran que en realidad esta entidad no forma parte de este grimorio y hay ediciones modernas en donde aparece el nombre de Scheva en lugar de Pititis. Digamos que no es un demonio canonico dentro del Dragón Rojo como lo son los que están al servicio de Lucífugo Rofocale.

 

Hablar de Pititis no es hablar de un demonio en el sentido clásico que la imaginación popular ha heredado del cine o de la iconografía religiosa tardía. No es un monstruo con garras ni una bestia alada salida del infierno medieval. Pititis es, ante todo, una idea cuidadosamente construida, una figura situada en los márgenes de los grandes tratados demonológicos, pero cuya presencia revela mucho más sobre el miedo humano que sobre una supuesta entidad sobrenatural.

En el contexto del Gran Grimorio, en ediciones modernas, Pititis aparece como la llamada concubina del Infierno, una designación que por sí sola ya levanta sospechas. No se trata de un título jerárquico tradicional, como príncipe, duque o marqués infernal, sino de una función simbólica profundamente cargada de connotaciones morales, sexuales y políticas. Su papel no es el de gobernar territorios ni comandar legiones, sino el de mediar entre el deseo humano y la promesa de poder, una función mucho más sutil y, por ello, más peligrosa.


A diferencia de otras figuras demoníacas del grimorio, su presencia no está ligada a la violencia directa ni a la destrucción explícita. Su dominio es el de la seducción, no necesariamente sexual en un sentido burdo, sino existencial. Pititis representa la promesa de acceso, la idea de que existe una vía íntima y privilegiada hacia el poder infernal, no a través de pactos grandilocuentes, sino mediante la entrega gradual de la voluntad.

En algunas versiones del texto y en tradiciones posteriores, el nombre de Pititis aparece alternado o fusionado con el de Masbakes, lo que ha generado confusión entre investigadores y ocultistas modernos. Esta dualidad nominal no debe interpretarse como un error simple de transmisión, sino como una muestra del carácter inestable de estas figuras. En la demonología occidental, especialmente en la de tradición grimorial, los nombres no son identidades fijas, sino funciones narrativas. Cambian, se superponen y se reescriben según la necesidad simbólica del momento.

Masbakes, cuando aparece, suele estar asociada a la misma función, una entidad femenina en ocasiones ligada a la corte de Lucífugo Rofocale, cuya cercanía no es jerárquica sino íntima. Esta cercanía no implica poder propio, se trata más de influencia indirecta. Pititis convence y ofrece sin castigo. Su peligro reside entonces en su habilidad de seducción y convencimiento.

Este rasgo la distingue de otras figuras demoníacas femeninas más conocidas, como Lilith o los súcubos medievales. Mientras estas últimas han sido utilizadas para justificar el miedo al deseo femenino autónomo, Pititis cumple un rol más complejo. No es la encarnación del caos sexual, sino la administradora del deseo permitido, aquel que se presenta como recompensa por la obediencia. En ese sentido, no rompe con el sistema de manera abrupta sino que lo refuerza habilmente.

Desde una lectura simbólica, Pititis puede entenderse como la personificación de un mecanismo de control profundamente humano. A lo largo de la historia, el poder rara vez se ha impuesto únicamente por la fuerza. Mucho más eficaz ha sido la promesa de acceso exclusivo, de pertenencia a una élite, de cercanía con aquello que se percibe como absoluto. Pititis representa esa promesa envuelta en un lenguaje demonológico.

No es casual que el Gran Grimorio, un texto obsesionado con pactos, contratos y jerarquías, incluya una figura como esta en ediciones tardías. En un mundo donde la magia ceremonial se presenta como una vía alternativa de ascenso social y espiritual, Pititis funciona como el rostro amable del Infierno. No es el verdugo, es la anfitriona. No impone condiciones visibles, pero introduce al iniciado en una dinámica de dependencia.

Las fuentes históricas sobre Pititis son escasas y fragmentarias, lo cual ha llevado a muchos autores contemporáneos a rellenar los vacíos con especulación gratuita. La Vereda Oculta no sigue ese camino. Lo que sabemos con relativa certeza es que Pititis no aparece en los grandes tratados demonológicos medievales como la Pseudomonarchia Daemonum ni en la Goetia clásica. Como ya dijimos, su presencia es tardía y está íntimamente ligada al imaginario grimorial francés y a su reinterpretación del Infierno como una corte burocrática.

Este detalle es clave. El Infierno del Gran Grimorio no es un lugar de caos, sino de administración. Todo tiene un orden, una función y un costo. Pititis encaja perfectamente en ese esquema como una figura de enlace, un elemento necesario para traducir la brutalidad del poder infernal en algo digerible para la mente humana. Su existencia responde más a una lógica psicológica que teológica.

Desde esta perspectiva, Pititis debe ser leída como una metáfora operativa. Representa la forma en que las estructuras de poder utilizan el deseo como herramienta de sometimiento. No ofrece rebelión, busca la integración en un sistema que se presenta como transgresor, pero que en realidad replica las mismas jerarquías que dice desafiar.

La confusión entre Pititis y Masbakes refuerza esta idea. Cuando los nombres se intercambian, lo que permanece constante no es la identidad, sino la función. Esto es característico de los sistemas simbólicos diseñados para adaptarse a distintos contextos culturales. El nombre importa menos que el papel que desempeña en la narrativa del miedo y la sugestión.

En el contexto contemporáneo, Pititis sigue siendo relevante no como figura demoníaca literal, es más un símbolo. Su historia nos habla de cómo el ocultismo, lejos de ser una vía de liberación automática, ha sido utilizado en muchos casos como un reflejo de las mismas dinámicas de dominación que operan en la religión y la política. El Infierno del Gran Grimorio no es una alternativa al poder establecido; es su espejo deformado.

La Vereda Oculta no presenta a Pititis como una entidad a la que temer o venerar, tal vez se trata de una construcción cultural que merece ser analizada con cuidado. Comprenderla es comprender cómo el miedo, el deseo y la promesa de poder han sido utilizados durante siglos para moldear conductas y justificar jerarquías. No se trata de creer en demonios, sino de entender por qué los hemos necesitado.
 

La concubina del Infierno, no existe para seducir almas en un sentido sobrenatural. Existe para dar muestra de que el control más efectivo no se ejerce con cadenas, funciona mejor con recompensas. Y esa lección, lejos de pertenecer al pasado, sigue siendo incómodamente vigente. Si no lo creen, solo revisen las redes sociales y la geopolítica actual.

 

Imagen creada con Sora IA 

Pititis, la Concubina del Infierno: Deseo, Sumisión y Poder en los Márgenes del Gran Grimorio  Pititis, la Concubina del Infierno: Deseo, Sumisión y Poder en los Márgenes del Gran Grimorio Reviewed by Angel Paul C. on enero 06, 2026 Rating: 5

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