El Incidente de Colares y la Operación Prato: OVNIs en la Amazonia
Entre 1977 y 1978, una oleada de OVNIs aterrorizó comunidades amazónicas en Brasil. La Operación Prato documentó luces que atacaban a civiles y dejó uno de los expedientes militares más inquietantes del siglo XX.
En la historia del fenómeno OVNI existen episodios aislados, encuentros breves y testimonios individuales. Pero hay casos que rompen ese molde y se convierten en crisis prolongadas, con impacto social, militar y psicológico. El llamado Incidente de Colares no fue un avistamiento puntual ni una experiencia privada, ocurrió una oleada sostenida de fenómenos aéreos anómalos que, durante meses, alteraron la vida cotidiana de comunidades enteras en el norte de Brasil.
Entre finales de 1977 y principios de 1978, la isla de Colares y otras localidades del estado de Pará comenzaron a reportar la presencia recurrente de luces extrañas en el cielo. No se trataba de simples destellos lejanos. Los habitantes describían objetos luminosos que descendían, se desplazaban con inteligencia aparente y, en algunos casos, emitían haces de luz dirigidos directamente a las personas. El miedo se propagó rápidamente, acompañado de un elemento perturbador, muchos testigos aseguraban haber sufrido efectos físicos tras los encuentros.
Las luces fueron apodadas por la población como chupa-chupa, un término popular que reflejaba la creencia de que estos objetos “extraían” algo de sus víctimas. Numerosos habitantes afirmaron haber quedado con marcas en la piel, debilidad extrema, mareos y una sensación de agotamiento profundo tras ser alcanzados por los haces luminosos. En clínicas locales, médicos atendieron a pacientes con lesiones puntiformes, quemaduras superficiales y síntomas que no encajaban con patologías comunes.
La situación escaló hasta el punto de generar pánico colectivo. Familias enteras abandonaron sus hogares por las noches, durmiendo juntas en espacios abiertos o bajo vigilancia improvisada. Las autoridades locales, incapaces de ofrecer explicaciones, solicitaron la intervención de la Fuerza Aérea Brasileña. Así nació la Operación Prato, uno de los pocos programas militares oficiales en América Latina dedicados explícitamente a investigar el fenómeno OVNI.
La operación fue puesta bajo el mando del entonces capitán Uyrangê Hollanda Lima, un oficial con formación técnica y reputación disciplinada. Su misión era clara, identificar la naturaleza de los fenómenos, documentarlos y tranquilizar a la población. Lo que el equipo encontró superó cualquier expectativa inicial. Durante semanas, los militares registraron avistamientos constantes, tomaron fotografías, filmaron luces en movimiento y recopilaron testimonios detallados de decenas de civiles.
Los informes describen objetos luminosos de diferentes tamaños y comportamientos. Algunos eran esferas brillantes que se desplazaban a baja altura; otros adoptaban formas más alargadas o se fragmentaban en luces menores. En varias ocasiones, los propios militares reportaron interferencias en sus equipos y observaciones directas de los fenómenos, confirmando que no se trataba únicamente de sugestión colectiva.
Uno de los aspectos más inquietantes del Incidente de Colares fue la aparente interacción directa con los seres humanos. A diferencia de otros casos donde los OVNIs se mantienen distantes, aquí los objetos parecían buscar activamente a personas aisladas, emitiendo haces de luz concentrada. Los médicos locales, entrevistados por el equipo de la operación, señalaron que algunas víctimas presentaban signos compatibles con exposición a radiación de baja intensidad, aunque nunca se emitió un diagnóstico oficial concluyente.
A medida que la operación avanzaba, el volumen de material recopilado creció de forma considerable. Fotografías, rollos de película, croquis de trayectorias y declaraciones firmadas conformaron un archivo que, lejos de esclarecer completamente el fenómeno, reforzó su carácter anómalo. Sin embargo, de manera repentina, la Operación Prato fue cancelada en 1978 sin una explicación pública detallada.
Durante décadas, el caso quedó envuelto en silencio. No fue sino hasta finales de los años noventa cuando parte de la documentación comenzó a salir a la luz, y el propio Hollanda, ya retirado, concedió entrevistas en las que confirmó la seriedad de la investigación. En una de sus declaraciones más citadas, afirmó que los fenómenos observados no podían explicarse con la tecnología humana conocida y que el objetivo real de las luces seguía siendo un misterio.
El desenlace personal de Hollanda añadió una capa adicional de inquietud al caso. En 1997, poco después de hablar públicamente sobre la Operación Prato, el ex capitán fue encontrado muerto en circunstancias que oficialmente se calificaron como suicidio. Aunque no existe evidencia que vincule su muerte con la investigación, el hecho alimentó la percepción de que el caso de Colares tocó límites incómodos.
Desde una perspectiva crítica, algunos investigadores han propuesto explicaciones alternativas. Se ha sugerido que los fenómenos podrían haber sido causados por descargas eléctricas atmosféricas, plasma natural o incluso experimentos militares secretos. No obstante, estas hipótesis no logran explicar de forma satisfactoria la persistencia del fenómeno, la variedad de comportamientos observados ni los efectos físicos reportados por las víctimas.
El Incidente de Colares ocupa hoy un lugar singular en la historia de la ufología. No es solo un expediente de luces en el cielo, es un caso donde el fenómeno pareció ejercer presión directa sobre una población vulnerable, provocando respuestas médicas, militares y sociales documentadas. Su inclusión en los archivos oficiales de la Fuerza Aérea Brasileña lo convierte en uno de los pocos ejemplos donde un Estado reconoció, aunque de forma implícita, la incapacidad de explicar lo ocurrido.
Más de cuatro décadas después, Colares sigue siendo un símbolo de lo que sucede cuando lo desconocido deja de ser una curiosidad distante y se convierte en una presencia cotidiana. En la Amazonia, bajo un cielo cargado de humedad y misterio, las luces desaparecieron, pero las preguntas permanecen intactas.
¿Qué fue lo que realmente sucedió en Colares?... Tal vez nunca lo sabremos.
Imagen creada con Sora IA
Reviewed by Angel Paul C.
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febrero 04, 2026
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