El Ars Goetia: Anatomía de un Grimorio y el Sistema de los 72 Demonios


Hablar del Ars Goetia es caminar por una frotera entre la psicología y la ficción. No es simplemente un libro antiguo, ni una curiosidad del ocultismo medieval, ni una lista de demonios para provocar morbo. Es, en realidad, un sistema simbólico, una arquitectura mental construida para ordenar aquello que la tradición religiosa definió como caos, tentación y desviación. Y como todo sistema que ha sobrevivido siglos, dice mucho menos sobre “el infierno” y mucho más sobre el ser humano.

El Ars Goetia es la primera sección del Lemegeton Clavicula Salomonis, un compendio de textos mágicos cuya forma definitiva se consolidó en el siglo XVII, aunque bebe de fuentes mucho más antiguas. Atribuido de manera pseudepigráfica al rey Salomón —una práctica común en la literatura esotérica para dotar de autoridad a los textos—, el grimorio describe a 72 espíritus que supuestamente pueden ser invocados, dominados y obligados a obedecer mediante sellos, nombres y rituales específicos.

Pero reducir el Ars Goetia a un “manual de invocación demoníaca” es no haber entendido nada.
 

El contexto histórico del Ars Goetia es fundamental. Europa no vivía una época de estabilidad ni de iluminación espiritual. Era un continente obsesionado con el pecado, la herejía, la enfermedad y la muerte. La demonología no surge como fascinación por lo oscuro, sino como respuesta al miedo. Nombrar al demonio era una forma de neutralizarlo. Clasificarlo, jerarquizarlo y asignarle funciones era un intento desesperado de imponer orden a lo incomprensible.

En ese sentido, el Ars Goetia no es un canto al mal, sino un catálogo del desorden humano. Cada demonio encarna una función específica, conocimiento prohibido, manipulación, guerra, deseo, destrucción, mentira, transformación. No son entidades caóticas al azar; son piezas de una maquinaria simbólica cuidadosamente organizada.

El mensaje implícito nos dice que el mal no es amorfo. Tiene estructura, tiene lógica, y, sobre todo, responde a necesidades humanas muy concretas.

 

¿Por qué 72 demonios?

El número no es casual. El 72 aparece repetidamente en la tradición judeocristiana y cabalística. Está relacionado con el Shem HaMephorash, el llamado “Nombre de Dios de 72 partes”, una serie de combinaciones derivadas del Éxodo. En la lógica esotérica, a cada nombre angélico corresponde una fuerza opuesta. El Ars Goetia funciona, entonces, como un espejo invertido, por cada orden celestial, un principio de disrupción.

Esto es crucial para entender el texto. Los demonios goéticos no existen aislados del orden divino; existen en relación directa con él. Son su contrapeso simbólico. No representan el caos absoluto, es el conflicto necesario para que el orden se defina.

Desde esta perspectiva, el grimorio no habla de invocar demonios, sino de dominar impulsos, de reconocer fuerzas internas y externas que, si no se comprenden, terminan gobernando al individuo.

 

Demonios como funciones, no como monstruos

Uno de los grandes errores modernos al abordar el Ars Goetia es imaginar a estos demonios como criaturas físicas, con cuernos, alas y garras, esperando ser llamadas desde un abismo literal. Esa imaginería es tardía, teatral y profundamente superficial.

En el texto original, lo importante no es la forma, sino la función. Cada demonio tiene habilidades específicas, enseñar ciencias, revelar secretos, provocar guerras, sembrar discordia, despertar deseos, otorgar prestigio o destruir reputaciones. Son, en esencia, arquetipos operativos.

Visto así, el Ars Goetia se acerca más a un tratado psicológico primitivo que a un libro de terror. Describe aquello que el ser humano teme reconocer en sí mismo, su capacidad de manipular, mentir, dominar, destruir o corromper, pero también su obsesión por el conocimiento, el poder y la trascendencia.

No es casual que muchos de estos demonios estén asociados al lenguaje, la persuasión y la influencia. El verdadero infierno, parece decirnos el grimorio, no está bajo tierra, sino en la mente.

 

La obsesión por dominar lo indomable

Otro punto importante del Ars Goetia es su obsesión por el control. Los rituales no buscan negociar con los demonios, sino someterlos. Círculos, sellos, nombres sagrados, amenazas divinas. Todo está diseñado para obligar a la entidad a obedecer.

Esto revela algo profundo sobre la mentalidad que produjo el texto, el miedo no se enfrenta con humildad, sino con autoridad. El mago goético no se ve a sí mismo como un aprendiz, sino como un comandante. El demonio es peligroso, sí, pero solo mientras no se le nombre y se le encierre dentro de un sistema.

La ironía es evidente. El Ars Goetia nos advierte, sin quererlo, sobre el riesgo de creer que todo puede ser dominado. Muchos relatos posteriores, tanto literarios como religiosos, insisten en que el precio del control absoluto suele ser la pérdida de la propia humanidad.

 

¿Por qué sigue importando hoy?

Podría pensarse que el Ars Goetia es un vestigio de una época supersticiosa. Sin embargo, su persistencia cultural demuestra lo contrario. Los demonios cambian de nombre, pero no de función. Hoy no se les invoca con velas y sellos, sino con algoritmos, discursos, ideologías y sistemas de poder.

La manipulación, la desinformación, el deseo desmedido, la violencia estructural y la obsesión por el control siguen operando bajo lógicas muy similares a las descritas en el grimorio. El lenguaje ha cambiado; el mecanismo, no.

En ese contexto, el Ars Goetia puede leerse como un mapa antiguo de problemas modernos. No como una manera de repetir rituales, se trata de entender cómo ciertas fuerzas se reorganizan y reaparecen una y otra vez en la historia humana.

 

No todo lo que se nombra debe despertarse

Este punto merece ser dicho con claridad. Analizar el Ars Goetia no implica promover prácticas mágicas ni romantizar la demonología. Todo lo contrario. El conocimiento, cuando se aborda sin contexto ni responsabilidad, deja de iluminar y empieza a deformar.

El propósito de estudiar estos demonios no es invocarlos, se trata de comprender lo que representan. El verdadero peligro no está en el texto, el riesgo radica en la lectura ingenua que busca poder rápido, respuestas fáciles o experiencias extremas sin reflexión.

El grimorio sobrevive porque mueve emociones. Porque obliga a mirar de frente aquello que preferimos proyectar como “mal externo”. Y porque, al final, su lección más oscura es también la más honesta, el infierno no necesita ser abierto. Ya está funcionando.

 

El inicio de una exploración necesaria

Este artículo no pretende cerrar el tema, sino abrirlo con rigor. A partir de aquí, cada uno de los 72 demonios del Ars Goetia será analizado no como una curiosidad esotérica, esperamos poder mostrarlos como una pieza dentro de un sistema simbólico coherente. Su origen, su función, su evolución cultural y su resonancia en el mundo contemporáneo.

No habrá invocaciones, ni recetas, ni promesas de poder. Habrá historia, análisis y preguntas sin respuestas. Porque solo entendiendo el sistema completo es posible comprender por qué estas figuras siguen acechando el imaginario humano siglos después.

El círculo está trazado.
Ahora, demonio por demonio, empezaremos a mirar qué hay realmente dentro.

 

Curioso que esta publicación coincida con un martes 13... en fin, solo son supersticiones. 

 

Imagen creada con Sora IA 

El Ars Goetia: Anatomía de un Grimorio y el Sistema de los 72 Demonios  El Ars Goetia: Anatomía de un Grimorio y el Sistema de los 72 Demonios Reviewed by Angel Paul C. on enero 13, 2026 Rating: 5

Aviso

Usamos cookies propias y de terceros que entre otras cosas recogen datos sobre sus hábitos de navegación para mostrarle publicidad personalizada y realizar análisis de uso de nuestro sitio.
Si continúa navegando consideramos que acepta su uso. OK Más información