Onironautas: El Deseo Humano de Controlar los Sueños… y no Estar Solos en Ellos


Dormir es una de las pocas actividades humanas que seguimos considerando pasivas. Cerramos los ojos, el cuerpo cae y la conciencia se apaga… o eso creemos. Sin embargo, desde hace décadas —y con especial fuerza en este siglo XXI— ha surgido la idea de que el sueño no solo puede explorarse, sino controlarse. Y más perturbador aún, que tal vez no sea un territorio estrictamente privado.

El término onironauta —el navegante de los sueños— no nació en un templo ocultista ni en un grimorio antiguo. Es un concepto moderno, casi clínico, que define a quien logra mantener la conciencia dentro del sueño y manipularlo de forma deliberada. Volar, alterar escenarios, dialogar con figuras oníricas, despertar dentro del propio sueño. Todo eso ha sido documentado, estudiado y repetido miles de veces.

Hasta aquí, la ciencia asiente con cautela.
El problema empieza cuando alguien formula la siguiente pregunta:

¿Y si dentro del sueño no estamos solos?

 

El sueño deja de ser refugio

Durante siglos, el sueño fue interpretado como un espacio íntimo, simbólico y subjetivo. Un teatro privado donde el inconsciente ensaya sus obsesiones, miedos y deseos. Freud lo vio como un lenguaje cifrado. Jung como un puente hacia lo colectivo. Las culturas antiguas lo trataron como un canal con lo divino. Pero todas coincidían en algo, el sueño ocurría dentro de uno mismo.

Los onironautas modernos rompe ese consenso.

Cuando una persona afirma controlar sus sueños, algo cambia de forma irreversible, el sueño deja de ser un accidente y se convierte en territorio. Un espacio que puede explorarse, recordarse y mapearse. Y cuando un territorio se reconoce como tal, surge inevitablemente la tentación de compartirlo.


El control onírico: lo que sí sabemos

El sueño lúcido no es una fantasía ni una moda espiritual. Está documentado desde hace décadas y existen estudios neurológicos que muestran cómo, durante episodios de lucidez, ciertas áreas del cerebro asociadas a la conciencia despierta se activan mientras el cuerpo permanece dormido. El soñador sabe que está soñando, y el simple hecho de saber lo cambia todo.

El control, sin embargo, no es absoluto. El sueño lúcido permite interacción, no soberanía total. El entorno responde de forma inestable y los personajes parecen autónomos. Las emociones se intensifican, la lógica se pliega y el soñador dirige… pero no parece tener la capacidad para "gobernar en su sueño".
 

Si el cerebro puede generar entidades con comportamiento propio dentro del sueño, ¿en qué punto dejan de sentirse como simples proyecciones?

 

Cuando el “otro” aparece

Quien practica los "viajes oníricos" suele reportar encuentros con figuras que no obedecen. Personajes que responden con sorpresa, entidades que parecen “saber más” que el soñador. Esto no es nuevo, aparece en testimonios de todas las épocas. Lo novedoso es cómo se interpreta hoy.

En foros, comunidades digitales y relatos contemporáneos, el discurso ha mutado. Ya no se habla solo de arquetipos o fragmentos del inconsciente, se habla de otros soñadores. De encuentros coincidentes y diálogos compartidos que, supuestamente, continúan en sueños posteriores. Incluso de reglas no escritas dentro del “espacio onírico”.

Aquí no estamos ante evidencia, estamos ante una narrativa emergente, y eso es mucho más interesante.

 

El sueño como espacio compartido: una necesidad, no una prueba

La idea de contactar a otros soñadores no surge de la nada. Aparece en un contexto muy concreto, una era hiperconectada, donde la soledad se percibe como un fallo del sistema. Si compartimos pantallas, datos, identidades digitales… ¿por qué no sueños?

El inconsciente no vive aislado de la cultura, absorbe mitos modernos con la misma facilidad que absorbía dioses antiguos. Hoy, la noción de un “mundo compartido” es familiar en servidores, universos persistentes y realidades virtuales. El sueño empieza a leerse bajo ese mismo marco simbólico.

No porque sea verdadero, sino porque es más comprensible para las nuevas generaciones.

Uno de los argumentos más repetidos en estas experiencias es la coincidencia, dos personas sueñan “lo mismo”, describen lugares similares y reconocen símbolos compartidos. El problema es que la memoria onírica es extraordinariamente frágil. Se reescribe con facilidad, se contamina y se adapta al relato posterior.

El cerebro no recuerda sueños, al estar despierto los reconstruye en detalles que no tenemos muy claros.
 
Cuando dos personas hablan de un sueño compartido, no están comparando archivos originales. Están comparando narraciones ya alteradas por expectativa, lenguaje y deseo de coincidencia. Esto no invalida la experiencia subjetiva, pero sí explica por qué se siente tan real.

Y aun así… la sensación existe.

¿Por qué queremos no soñar solos?

El sueño es el último espacio donde aún somos vulnerables. Donde no hay testigos, donde no hay validación externa. Convertirlo en un lugar compartido es una forma de domesticarlo, de quitarle su carácter salvaje, de hacerlo social, seguro y acompañado.

Pero también implica el miedo a enfrentarse a uno mismo sin intermediarios.

Si hay otro en el sueño, entonces no todo lo que ocurre allí es responsabilidad nuestra.

 

El límite que no conviene cruzar

Confundir el control onírico con acceso a realidades externas puede derivar en disociación, dependencia psicológica o pérdida de límites entre vigilia y sueño. No porque el fenómeno sea “peligroso” en sí, es porque el ser humano tiene una facilidad alarmante para convertir metáforas en dogmas.

La figura del onironauta es poderosa porque representa el deseo de explorar sin morir, de crear sin consecuencias físicas, de mirar el abismo desde un lugar seguro. El problema surge cuando confundimos experiencia interna con territorio externo.

Dicen por ahí, en un contexto diferente, "Soñar no cuesta nada". Pero si podemos desarrollar la capacidad para tener control sobre nuestros sueños, tal vez deberíamos tener cuidado con lo que hacemos, y de ser posible, reflexionar dentro del sueño mismo para estar seguros de que quizás un mal movimiento en el sueño pueda tener consecuencias en el mundo real.

 

Imagen creada con Sora IA 

Onironautas: El Deseo Humano de Controlar los Sueños… y no Estar Solos en Ellos Onironautas: El Deseo Humano de Controlar los Sueños… y no Estar Solos en Ellos Reviewed by Angel Paul C. on febrero 09, 2026 Rating: 5

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